
son hermosos los días
en que nos hemos reído
como flores amaneciendo en el pecho del día
como peces iluminados que nadan en risas
y aún así
hemos llorado a mares
con la voz quebrada
nuestros padecimientos
pero muchá
vengan
dejemos las horas del hastío
en la oficina
ese tiempo que odiamos
cuando el café se enfría
y las máquinas ronronean
con su rostro de tercer mundo
o como el ritmo de un ejército marchando
hacia la muerte
hermanos
me uno al festejo
de cuando nos hemos bebido
la boca del sol
y la hemos devuelto con poemas
que hablan de mujeres
cubiertas de luz
desnudas y brillantes
como los amaneceres embriagados
en que nos hemos despertado
que nuestras almas sean un coro de risas
tatuadas
en nuestra memoria
para que cuando venga la muerte
no seamos perros
que se olvidan de sus hijos
sino raíces del tiempo
encrustadas en la sangre
como venas
hemos llorado
hemos cantado
con la voz puesta en el altar
de nuestra libertad
es hora de caminar juntos los lagos
ríos y mares que nos llaman
miren cómo nos hablan las gaviotas en la arena
miren cómo nos sueñan y nos cantan
las sirenas olvidadas en las costas marchitas
¿será que somos diminutos planetas?
¿o estrellas agonizantes que mutilan su luz?
No.
Somos constelaciones hermanas
que conocen la soledad del espacio
Somos cometas furiosas que incendian el aire
Somos la risa desenvainada
ante el dolor mortuorio
Somos la música de nuestras canciones
que cantamos en el mar
y hemos sido valientes
y algún día, hermanos
de la mano de la vida
recorreremos la muerte
que nos habrá de unir nuevamente
en una eternidad radiante y visible
por eso, acérquense un rato muchá
y conversemos ebrios y sin tiempo
con las historias aquellas
de las que reímos tanto
¿cuántas historias no habremos de contar y de cantar?
con los nervios encrispados y las vergas erguidas
como aquella primera vez
que fuimos a putas
(Yadira era su nombre) llenos de dudas y precoces
y ellas bailaban y fornicaban indiferentes
llenas de presagios
y de sus labios
desde dentro de sus labios
se escapaba un aullido inclemente
por la noche sola y muda
que las vestía velándolas
como una madre antigua y sabia
en lo hondo de su intemperie oscura
y saben, hay una voz de fuego en nuestros pasos
hay un grito que enternece en nuestros labios
hay un abrazo constante en nuestras risas desplayadas
Por eso Rodrigo, Pablo, Sergio, Manuel
y vos también André:
bailemos en la partitura de la vida
cantemos sonrientes y borrachos
esas canciones de nuestra generación:
el grito demente del rock o el aullido luctuoso del blues
y que la música
sea la luna/madre que nos arrulle
como hijos jubilosos de la noche y del sonido
cantemos
cantemos la ilusión perdida de los años
en que no fuimos felices
y caminamos por túneles sin retorno
y oscurecimos las miradas
somos el ojo de la muerte
viendo el paisaje de la vida
somos la lluvia desterrada
en el sueño de un ángel libertario
somos y aquí hemos estado
somos y aquí hemos engendrado muertes
en los campos florecientes de la vida
somos y aquí hemos estado
somos y aquí hemos bailado tanto
con mujeres de cuerpos firmes y jadeantes
en la intermmitencia de las luces ebrias
que giran en las discotecas
retumbantes y sudorosas
aquí está la vida llamándonos a gritos
no la desoigamos
es suave su murmullo y ella sabrá indicarnos
la hora del Silencio
aquí está la vida
aprovechemos
acuchillemos al día y su luto rutinario
hasta que sangre luz
o salga de sus venas semen diáfano
hasta que nazca y muera y nazca nuevamente
como nos han enseñado que será la vida
aquí está la vida
y vuelvo a decirlo hermanos
llorando por nuestra hermosa despedida
y su adiós iluminado que se pierde con el aire
Sí, aquí está
llorando
llorando por los hijos abatidos que engendró
y que se saben solos y que se saben polvo
Pero la muerte no alcanza nuestros nombres
porque es la vida a la que estamos adheridos
como estampas
y somos detractores del silencio agonizante
y somos partículas de fuego en las calles sin luz
y desde dentro
en lo profundo
en lo hondo
sonreímos sabiamente
inconteniblemente
por esa alegría eternizante que logramos.